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Nuestros Dioses Vienen con la Revolución
La época colonial fue el inició de la persecución y destrucción de todas las deidades amerindias y africanas. El celo del oro y la posesión de tierras por parte de curas doctrineros y autoridades coloniales, fue el motivo central para empezar una de las más carnicerías que conoce la historia de la humanidad.
Los dioses, visionarios y sabios ancestrales fueron totalmente demonizados. Las crónicas y especialmente los procesos de extirpación de idolatrías nos muestran como se fue erigiendo los distintos sistemas de control social. Desde la construcción del pánico, producto las ejecuciones más inhumanas hasta la construcción simbólica del pecado para acelerar los mecanismos de destrucción social, que ya había empezado con las grandes mortalidades producidas por las pestes las guerras contra los invasores y el trabajo en las minas entre los siglos XV y XVI.
Los dioses, a los cuales el catecismo había colocado en el index de lo diabólico, pasaron a la clandestinidad e incluso en el caso de las deidades africanas se reprodujeron al interior del santoral católico, como el de Shango o grandes Orixas Americanas ingresaron al olimpo de esta religión, como Martín de Lima.
Con el ciclo de rebeliones indígenas del siglo XVIII las grandes deidades amerindias y africanas salen de los subterráneos de la libertad. La revolución de Tupac Amaru remeció toda la América
Andina, pero también abrió las puertas para la expresión real de las deidades, pero también para el canto y el teatro, porque la religiosidad amerindia integraba estas dos grandes expresiones de la grandeza espiritual del hombre.
Derrotados los movimientos libertarios indígenas y creados los estados nacionales, estos asumirían las tareas del estado colonial, había que desindianizar y blanquear el continente. Para eso se traería inmigrantes europeos y se permitiría la penetración de modernos doctrineros. Ahora, tanto el Instituto Lingüístico de Verano y la derecha evangélica norteamericana, le disputarían a la iglesia católica el control de las almas, especialmente de los pueblos indígenas campesinos.
Casi todo el siglo que pasó fue una ofensiva feroz contra nuestras deidades y héroes culturales, a los que se volvió a tildar hijos del demonio, también los visionarios, mal llamados shamanes, y todfa su sabiduría se tuvo que volver a refugiar en las catacumbas de la memoria colectiva.
Pero, es gracias a los grandes maestros de la cultura y la historia, como José María Arguedas Darcy Ribeiro y Emilio Choy, se pudo comprender los fundamentos de la construcción del estado oligárquico y con ello desenmascarar a una antropología sustentada en teorías neopositivistas que logró convertirlos en los mejores aliados para la destrucción de las culturas e ideologías afro amerindias.
Pero, hoy los apus y shango han vuelto, dando un nuevo brillo a la revolución Americana.
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